Pound cake de limón y semillas de amapola

¡Muy buenas a todos!

Ya llevaba un par de semanitas sin asomar la cabeza por aquí y ¡ya tenía ganas! Esto de tener un blog genera una adicción un poco particular, y a pesar de que llevamos muy poquito tiempo con él cuando tengo la típica semana de no parar y no hornear (como ésta semana pasada), ya estoy deseando meterme en faena para poneros cositas ricas. ¡Pero ya veo que mi hermana os ha mantenido bien alimentados!

Este pound cake de limón y semillas de amapola llevaba en mi lista de pendientes desde que hojee por primera vez el libro “Flour” de Joanne Chang. De verdad, qué cosas ricas hace esta mujer…

Un “pound”, o libra en español, es la unidad de peso y masa más utilizada en los países anglosajones, y equivale en nuestro sistema métrico, a 454 gramos. Los pound cake son pasteles hechos tradicionalmente con un pound de mantequilla, un pound de harina, un pound de azúcar y un pound de huevos, de ahí viene pues su nombre.

Este es el típico pastel denso, jugoso pero nada pesado, perfecto para acompañar el café por la tarde o para llevar a casa de unos amigos a merendar, porque se puede hacer perfectamente el día anterior sin perder nada de sabor ni textura.

Joanne Chang explica en el libro que el secreto para hacer un pound cake perfecto se basa en el “método”. Primero, hay que batir los huevos con el azúcar hasta que consigamos una pasta ligerísima y muy aireada, después incorporaremos la harina con la levadura lo justito para integrar y finalmente, acabaremos nuestra masa a mano añadiendo todo lo anterior a la mantequilla derretida y la nata, con mimo y sin batir en exceso con la ayuda de la espátula. Y ya está. ¿A que es sencillísimo? Así obtendremos un cake jugoso, denso, con un intenso aroma y sabor a mantequilla y una fina capa crujiente y dorada.

La ralladura y zumo de limón le dan el contraste perfecto a la masa dulce, y las semillas de amapola complementan el conjunto con su sabor que recuerda ligeramente al de las nueces tostadas.

Este es una de esos pasteles sencillos que se apoyan en la calidad de los ingredientes, así que usad la mejor mantequilla que podáis conseguir. Ya veréis que el resultado final merece la pena.

Y ahora, al lío:

POUND CAKE DE LIMÓN Y SEMILLAS DE AMAPOLA

Ingredientes (para un molde rectangular de 24 cm x 10 cm aprox)

240 gr de harina de repostería

¾ cucharadita (teaspoon) de levadura tipo Royal

¼ cucharadita (teaspoon) sal

156 gr de mantequilla derretida

60 gr de nata para montar 35,1% M.G.

Ralladura de 2 limones grandes (sino, que sean 3)

1 cucharada (tablespoon) de zumo de limón

3 cucharadas (tablespoons) de semillas de amapola

4 huevos L

250 gr de azúcar

Preparación:

Todos los ingredientes, excepto la mantequilla, han de estar a temperatura ambiente.

Forrar un molde rectangular para cake con papel de hornear. Precalentar el horno a 180º C.

En un bol, tamizar juntos la harina, la levadura y la sal. Reservar.

En otro bol grande, mezclar la mantequilla derretida, la nata, las semillas de amapola y el zumo y ralladura de limón. Si durante el proceso de mezclado y reposo veis que esta mezcla se solidifica, calentarla en el microondas a intervalos de 15 segundos, hasta que esté líquida de nuevo. Reservar.

En el bol de la batidora, batir los huevos y el azúcar con las varillas, a velocidad media, hasta que la mezcla doble su volumen y se vea pálida y muy esponjosa (sobre 4 o 5 minutos). Con la ayuda de una espátula, incorporar la mezcla del bol de harina poco a poco en la mezcla de huevo y azúcar, batiendo a velocidad baja, lo justo para que todos los ingredientes se integren. Parar la batidora.

Comprobar que la mezcla de mantequilla y nata siga líquida, sino hay que llevarla al microondas como os he dicho antes. Echamos aproximadamente ¼ de la mezcla de huevo, azúcar y harina en el bol con la nata y mantequilla e integramos con la espátula con movimientos envolventes, para espesar ligeramente la masa. Cuando esté bien integrada, echamos el resto de la mezcla de huevo, azúcar y harina restante y trabajamos con la espátula hasta que tengamos una pasta homogénea.

Echar la mezcla en el molde preparado y meter en el horno. Mi pound cake estuvo listo en 50 minutos, pero cada horno es un mundo, así que a partir del minuto 50, comprobar cada 5 minutos porque si nos pasamos de horno la textura no va a ser tan jugosa. Estará en su punto cuando al insertar un pincho éste salga limpio del pastel.

Una vez listo, dejar reposar en el molde durante 30 minutos y después pasar a una rejilla, quitarle el papel de hornear y dejar enfriar completamente.

Y ahora tenemos dos opciones:

- Echar azúcar glas al gusto por encima, que es lo que he hecho yo, o bien

- Glasear el pastel como sugiere la receta original. Os pongo el glaseado por si os apetece más esta opción.

Ingredientes para el glaseado de limón:

70 gr de azúcar glas

Zumo de ½ a 1 limón (esto va al gusto)

Preparación:

Mezclar en un bol el azúcar glas con el zumo de ½ limón hasta tener un glaseado de consistencia homogénea. Si queda muy espeso se puede añadir más zumo, poco a poco y removiendo bien antes de añadir más, hasta conseguir la consistencia deseada. Echar el glaseado encima del pastel tibio dejando que resbale por todo el borde y lateral. Dejar enfriar completamente.

¡Y a comer!

Cupcakes para papá

Recuerdo que cuando era pequeña e iba al colegio, en la época en que se acercaba el Día del Padre, los profesores nos mandaban (como a todos y todas supongo) hacer diferentes manualidades para regalarles a nuestros progenitores. Para todo niño su padre es casi como un “superman”. Mi padre viajaba mucho a Francia por motivos de trabajo y recuerdo que cuando tenía uno de esos viajes siempre lo comentaba con mis amigos del cole y ¡hasta con los profesores!, como si fuese algo extraordinario. Cuando vamos creciendo nos damos cuenta de que ese “Superman” no es tan súper, que es una persona normal, con sus canas, sus entraditas y sus arruguitas y es más bien una persona entrañable a la cual en el fondo sabes que te pareces mucho a él. Siempre me dicen que yo, de cara soy la más parecida.  También de forma de ser, quizá por eso soy tan cabezota, y por eso los dos nos enfrascamos en diálogos de besugos que no llevan a ninguna parte con el único propósito de llevarnos la contraria (y no me digas que no, que es meterte otra de tus hijas por el medio y dicen exactamente lo que digo yo y les das la razón :P). Por eso, por haber hecho posible que mis hermanas y yo nos reuniésemos en Londres, por hacer de taxista para todo, por ayudarnos a llevar a los gatitos al veterinario, y sobre todo, por ser nuestro ¡fatheeeeeeeeer!, te queremos, y a pesar de ser un cabezón te vamos a querer siempre.

Después del momento ñoño-cursi, vamos con la receta. Una mezcla un poco rara, pero es que al ser adaptada a los gustos de mi padre quise hacerla con dos cosas que sé que le encantan: la canela y el merengue.

CUPCAKES PARA PAPÁ

Ingredientes para doce cupcakes:

Para las magdalenas:

125 gr de huevos (yo hice 2 huevos L +1clara)

175 gr de azúcar

60 ml de leche

190 ml de aceite de girasol

210 gr de harina floja

5 gr de levadura química

Una pizca de sal, canela en polvo y ralladura de limón.

Preparación:

Primero de todo, mezclamos el aceite de girasol con la leche por una parte, y la harina con la levadura, la ralladura de limón, la sal y la canela en polvo por otra parte y reservamos.

A continuación, batimos los huevos con el azúcar hasta que la mezcla aclare (unos 5 minutos). Luego añadimos a velocidad baja el aceite de girasol y la leche muy  poco a poco.

Después, agregamos la mezcla de la harina y batimos a velocidad baja hasta que esté integrada. En este momento, subimos el batidor a la velocidad más alta y batimos unos 2 o 3 minutos.

Guardamos la masa de las magdalenas tapadas con un paño en el frigorífico un mínimo de una hora. Pasada esta hora, ponemos el horno a calentar a 250º y preparamos una bandeja para magdalenas con 12 cápsulas. Sacamos la masa del frigorífico y rellenamos las cápsulas 3/4 de su capacidad y las metemos en el horno unos 14-16 minutos a 210º.

Cuando estén horneadas, las sacamos del horno, las dejamos enfriar en el molde 10 minutos y a continuación las pasamos a una rejilla hasta que se enfríen completamente.

Para el merengue:

120 gr de azúcar blanco

4 claras de huevo

Preparación:

Primero de todo, batimos las claras a velocidad alta hasta que estén espumosas. En este momento, añadimos 40 gr de azúcar y batimos hasta que la mezcla coja consistencia. Repetiremos este proceso otras dos veces más.

Ahora, con la manga pastelera decoramos las magdalenas al gusto. Yo les añadí unas figuras en forma de estrella y de nube que hice con fondant y les añadí purpurina comestible.

¡A comer!

Stout Cupcakes

La verdad es que cuando mi hermana me propuso hacer esta receta me dio un poco de “miedo”. No me gustaba la idea de usar una cerveza tan fuerte para algo dulce. Pensaba que iba a quedar un sabor muy raro y que no me iba a gustar, pero después del primer bocado que le di a uno de estos cupcakes me di cuenta de que en repostería todo está admitido, y con diferentes ingredientes puedes hacer cosas deliciosas.

Las magdalenas quedan super esponjosas y húmedas, no muy dulces pero si de un sabor contundente y el glaseado le da el toque dulce. Es una receta genial para celebrar un “Sain’t Patrick’s day” diferente. Para celebrarlo con un té negro y uno de estos cupcakes por la tarde, y por la noche con una riquísima pinta de Guinnes.

STOUT CUPCAKES 

Ingredientes para unos 18 cupcakes:

Para los cupcakes

215 gr de harina común

1/4 teaspoon de bicarbonato sódico

1/4 teaspoon de sal

1 teaspoon levadura

1 teaspoon de canela molida

1 teaspoon de nuez moscada

170 ml aceite vegetal

170 ml de black treackle* (sirope de melaza)

115 gr de azúcar

1 huevo L +1 yema

1 tablespoon de corteza de naranja rallada

175 ml de cerveza Guinness u otra cerveza negra.

* El black treackle tiene un sabor muy particular, nosotras lo usamos en la receta, pero si no lo tuviésemos lo hubiésemos substituido por una miel de flores con dos cucharadas de caramelo líquido oscuro tipo Royal.

Preparación:

Precalentamos el horno a 180º y preparamos un molde de magdalenas con cápsulas.

Primero, mezclamos en un bol la harina con el bicarbonato sódico, la levadura, una pizca de sal, la canela, la nuez moscada y la corteza de naranja y reservamos.

A velocidad media, batimos el aceite, el azúcar, el huevo, la yema, el black treackle y la cerveza hasta que estén mezclados. Añadimos la mezcla de harina poco a poco a velocidad baja hasta que esté integrada.

A continuación rellenamos las cápsulas hasta 3/4 de su capacidad y horneamos durante 20 minutos. Antes de sacarlas del horno las pinchamos con un palito para ver si están cocinadas por dentro.

Finalmente, cuando estén hechas, las sacamos del horno, las dejamos enfriar 10 minutos en el molde, y posteriormente las sacamos del molde y las dejamos enfriar totalmente en una rejilla.

Para el glaseado de cerveza:

240 gr de azúcar glass.

70 ml de cerveza negra o Guinness.

Preparación:

 Mezclamos los dos ingredientes hasta que estén combinados.

Cogemos las magdalenas por la base y las “volcamos” sobre el glaseado, trabajándo el “techo” de la magdalena hasta que quede cubierto de glaseado. Les damos la vuelta y dejamos que escurran.

¡A comer!

Peanut butter cookies

Estos días hace tanto calor que me da pereza meterme en la cocina y encender el horno. Estamos teniendo un invierno muy raro, no llueve nada, los días de sol se suceden uno tras otro y  me alucina ver como la gente se anima ya a ponerse las sandalias y a ir a la playa. ¡Cualquiera diría que esto es Galicia y que estamos a mediados de marzo! Ya sé que puede sonar raro, pero es que a mí me encanta la lluvia y lo cierto es que la echo de menos. Disfruto mucho cuando tenemos estos días de solazo, en los que hace una temperatura estupenda que invita a salir, a sentarse en una terraza, a tomarse unas cañitas y a pasarlo bien. Pero a mí lo que más me gusta es cuando llega el domingo, hace fresquito, llueve y lo único que te apetece es encender el horno, llenar la casa con el olor a especias, preparar un té y merendar alguna cosa rica que hayamos hecho. Da igual, algo sencillo como una tarta de manzana, un bizcocho de mantequilla, o unas simples galletas. A mí no hay nada que me parezca más relajante que hornear algo dulce y disfrutarlo luego en compañía de mi familia. Y merece tanto la pena… cualquier cosa que podáis hacer en vuestras cocinas sabrá mil veces mejor que cualquier dulce comprado. Es la manera perfecta de acabar la semana.

Estas galletas de mantequilla de cacahuete que os traigo hoy son las que hice para la merienda del fin de semana pasado. Son muy pero que muy fáciles de hacer, están buenísimas y son súper crujientes. Guardé dos durante una semana (porque las demás volaron entre casa y el trabajo) y tengo que decir que se mantienen perfectas en cuanto a textura y sabor si se conservan bien cerradas en un recipiente hermético. La receta es del libro “Flour” de Joanne Chang, mi libro favorito sobre todos los libros de repostería que tengo, con permiso de mi querida Martha Stewart. Todas las recetas que he probado han sido un éxito, las cantidades súper ajustadas y el sabor increíble. Os voy a aburrir a recetas de esta mujer.

He usado la mitad de las cantidades y aun así me han salido 30 galletas de un buen tamaño. Para darles forma es conveniente usar la cuchara medidora “tablespoon” tal y como recomienda Joanne en su receta, así es más fácil hacer bolas del mismo tamaño. Es una masa muy fácil de trabajar porque tiene la consistencia de la plastilina, no se pega nada. El topping de cacahuetes salados y azúcar la verdad me lo saqué de la manga, pero le queda genial y le da un punto más crujiente a la galleta, pero si queréis podéis no ponérselo. La idea de marcar las galletas con una maza de carne la saqué del blog The Food Librarian, me parece genial y además ayudó a que el topping de cacahuete quedase mejor fijado a la galleta. Y sin más os dejos con la receta, que me lío que da gusto. Probadla anda, que os va a encantar.

PEANUT BUTTER COOKIES 

Ingredientes para 30 unidades aprox.:

115 gr de mantequilla a temperatura ambiente

100 gr de azúcar

110 gr de azúcar moreno

1 huevo L

½ teaspoon (cucharita) de extracto de vainilla

225 gr de mantequilla de cacahuete

190 gr de harina común

½ teaspoon (cucharita) bicarbonato sódico

¼  teaspoon (cucharita) de sal

Preparación:

Batir juntos la mantequilla, el azúcar y el azúcar moreno con la pala durante unos 5 minutos, hasta que la mezcla se vea ligera y esponjosa. Durante el proceso parar la batidora y con la ayuda de una espátula, bajar cualquier resto de azúcar y mantequilla que vaya saltando a los bordes del bol para conseguir una mezcla homogénea.

Batir el huevo y el extracto de vainilla con la mezcla de mantequilla hasta que estén bien integrados. Seguidamente echar la mantequilla de cacahuete y batir hasta tener una mezcla totalmente homogénea, parando la batidora en el proceso un par de veces y ayudándonos nuevamente de la espátula para bajar y mezclar cualquier resto de masa que suba por las paredes del bol. Esto llevará unos 2 o 3 minutos.

En un cuenco aparte, tamizar la harina, el bicarbonato y la sal y mezclar. Poner en marcha de nuevo la batidora a velocidad baja, y poco a poco iremos echando la mezcla de harina en la mezcla de mantequilla y azúcar, batiendo lo justo para conseguir una masa homogénea. Ya tenemos lista la masa para nuestras galletas.

Poner la masa en un recipiente hermético y dejar reposar una hora en la nevera. Mientras la masa reposa haremos el topping.

Ingredientes para el topping:

30 gr de cacahuetes tostados y salados

1 cucharada de azúcar

Preparación:

Para preparar el topping, metemos los cacahuetes en una bolsa de congelación, y cerramos bien cuidando de que no quede aire apenas en el interior. Ponemos la bolsa cerrada sobre la encimera bien extendida y con el rodillo de cocina golpeamos los cacahuetes sin piedad unas 5 o 6 veces de forma uniforme, hasta que queden unos cubitos de cacahuete de tamaño irregular. Y esto va al gusto, los trocitos serán más o menos grandes en función del machaque que les metáis. También podéis poner los cacahuetes enteros si os gusta más.

Una vez que tengamos los cacahuetes en trocitos, mezclamos bien en un cuenco pequeño con el azúcar y reservamos.

Y ya que tenemos el topping listo, vamos a dar forma a nuestras galletas.

Sacamos la masa de la nevera tras el reposo, y precalentamos el horno a 180 C. Forramos una bandeja con papel de hornear y ponerla cerquita de donde estemos trabajando. Con la ayuda de una cuchara medidora “tablespoon”, vamos cogiendo porciones de masa, hacemos bolitas y las vamos aplastando con la mano y un poquito de cuidado en la bandeja del horno haciendo galletas redonditas, cuidando de dejar una separación de unos 3 centímetros entre ellas porque crecen que da gusto. Si solo tenéis una bandeja de horno como yo, vais a tener que hacer dos tandas de horneado, así que cuando completéis la bandeja, guardad el resto de masa de nuevo en la nevera. Si tenéis más bandejas formáis todas las galletas de una tacada pero yo aconsejo hornear una bandeja de cada vez igualmente, en esto soy maniática, porque siempre que he intentado hornear dos bandejas de galletas juntas las galletas de una bandeja quedan pálidas, las de la otra a punto de quemarse, en fin, que a mí no me funciona, pero esto es como todo, hornos y gustos hay mil y cada uno conoce el suyo así que la decisión es vuestra.

Ahora repartimos la mitad del topping de cacahuete y azúcar con la mano encima de cada galleta y con la maza de carne, presionamos el centro de cada galleta, de forma que nos va a quedar marcado un dibujo en cuadrícula que además de quedar bonito nos va a ayudar a que se fije mejor el topping a la galleta. Hornear las galletas unos 16-18 minutos, hasta que se vean doraditas. Sacar del horno, coger el papel de hornear por ambos extremos y pasarlo con cuidado a la encimera. Dejar enfriar durante 5 minutos las galletas en el papel y luego pasar a una rejilla hasta que se enfríen completamente. Repetir el proceso con la parte restante de masa que tenemos en la nevera y la otra mitad de topping.

Las galletas se conservan bien durante una semana en un recipiente hermético, pero entre vosotros y yo, estas no os duran ni dos días en casa. ¿Probamos?

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