Tarta rústica de fresa

¡Muy buenas a todos! Llevo unos días un poco vaga, con pocas ganas de meterme en faenas complicadas en la cocina. No es que no tenga ganas de cocinar, creo que tiene más bien que ver con el pararme a decorar, con el disfraz. Me encanta hacer cupcakes, pero no es de esas cosas que uno deba cocinar en dias vagos, si quieres que te quede algo mínimamente decente. Nada de layer cakes, ni de fondant, nada de artificios. A veces pasa, o al menos a mi si me pasa, que cuando llevas una temporada haciendo cupcakes, trabajando con fondant, o con cantidades industriales de mantequilla y azúcar, simplemente llegas a un estado de empacho, físico, visual y hasta emocional. Y tienes que parar por un tiempo. Es lo que yo llamo ponerse en modo “rústico”. Dejar toda la parafernalia repostera y volver a las recetas sencillas, a las que hacían nuestras abuelas, que no contaban con toda la cantidad de cacharros, ingredientes y demás ayudas que tenemos hoy en día. Y en esas estamos…

Para esos días vagos, en los que nos apetece encender el horno y hacer algo rico, sencillo y reconfortante, os propongo esta tarta de fresa de aspecto rústico, que es increíblemente sencilla de hacer y además está muy buena. Es dulce en su justa medida, la masa se deshace en la boca y su sabor recuerda ligeramente al de esas galletas de mantequilla que van rellenas de mermelada de fresa y que vemos en muchas pastelerías.

La única pega que le puedo poner es que es una tarta para comer el mismo día de su elaboración. Lo que sobre se puede conservar en un recipiente hermético en la nevera durante un día más, pero la pasta se ablanda y aunque de sabor está buena, pierde la textura y por tanto calidad. Esto es algo habitual en este tipo de tartas de fruta, que no suelen conservarse bien de un día para otro porque la propia humedad de la fruta reblandece las masas con facilidad.

Aunque la receta original está aromatizada con canela, podéis sustituirla sin problema por la ralladura de un limón si es que la canela no os gusta demasiado. Seguro que incluso le quedan bien las dos cosas.

Las flores que véis en las fotos son de  Alea Floristerías, ¡¡tienen cosas preciosas!! Merece la pena pasarse :)

Así que os dejo con la receta, aprovechando que estamos en plena temporada de fresas, ¿porqué no os animáis a probarla?

TARTA RÚSTICA DE FRESA

Ingredientes para un molde desmontable de 24 cm. de diámetro:

175 gr de almendras molidas

175 gr de mantequilla a temperatura ambiente

175 gr de azúcar

175 gr de harina de repostería con levadura

1 cucharadita de canela (se puede sustituir por la corteza rallada de 1 limón)

1 pizca de sal

1 huevo + 1 yema de huevo tamaño M

450 gr de fresas frescas que estén bien maduras

2 cucharadas colmadas de mermelada de fresa

1 cucharada de azúcar glas

Preparación:

Precalentar el horno a 180 C. Engrasar el molde desmontable con mantequilla y forrar la base con papel de hornear.

Lavar bien las fresas, secarlas, quitar los pedúnculos y cortar en rodajas. Reservar.

En el robot de cocina, mezclar las almendras molidas, la mantequilla, el azúcar, la harina, la sal, la canela o ralladura de limón, el huevo y la yema, haciéndolo funcionar a intervalos cortos de unos 15 segundos, hasta que los ingredientes formen una mezcla homogénea. También se puede mezclar los ingredientes a mano, amasando con las puntas de los dedos de forma rápida y sin trabajar en exceso la masa, lo justo para que todos los ingredientes se vean bien integrados.

Extender la mitad de esta pasta en el molde para cubrir completamente el fondo del mismo, alisando bien la superficie de la pasta con la palma de la mano. Extender las dos cucharadas de mermelada sobre la pasta en una capa fina. Poner encima de la mermelada las láminas de fresa en una capa uniforme, presionando un poco con la palma de la mano para que no queden huecos entre ellas. Espolvorear las fresas con la cucharada de azúcar glas. Seguidamente extender la otra mitad de la pasta sobre las fresas, de forma que queden totalmente cubiertas, alisando la superficie de la tarta con la palma de la mano haciendo una ligera presión.

Hornear la tarta en el centro del horno durante aproximadamente 1 hora. Si pasados 40 minutos veis que la tarta coge demasiado color, cubrirla de forma holgada con papel de aluminio. La tarta estará lista cuando haya crecido ligeramente y se vea de un color tostado intenso.

Dejar enfriar en el molde unos 20 minutos, después desmoldar y pasar a una rejilla para que enfríe completamente. Espolvorear con azúcar glas al gusto.

Para servir, la hemos acompañado de un yogur griego de fresa mezclado con 2 cucharadas de créme fraiche y una salsa de fresas caliente, que podeis hacer con 4 cucharadas de mermelada de fresa + 3 cucharadas de azúcar glas + 3 cucharadas de agua, dejando hervir todo junto durante ½ minuto. La combinación del yogur fresquito, la salsa caliente y la tarta que se deshace en la boca es estupenda, pero también está buenísima sola. O con nata montada. O con helado de vainilla…

 

¡Que aproveche!

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