Pastelitos de mermelada de limón, cardamomo y chocolate

No soy muy fan de las celebraciones “porque sí”. Porque en realidad todos los días deberían ser los “Día de… (pongamos Día del amor, Día de la pareja, Día de la madre, o del padre..)”. En casa no solemos prestar atención a estas fechas señaladas pero tengo que reconocer que el Día de la Madre es una de esas que me resisto a pasar por alto. Quizás tenga que ver con el recuerdo de todas las postales, platos de barro o dibujos que nos mandaban hacer en el cole y que llevábamos tan orgullosos para casa. Un montón de cositas que se iban acumulando año tras año, que nuestra madre guardaba en el cajón de su mesilla de noche. Algunos de esos trabajitos del cole aún siguen ahí, en su mesilla. Muchos otros, guardados en cajas en el trastero. Guardar esos recuerdos es guardar una época en la que éramos más pequeñas y disfrutaba de nosotras de otra manera. Supongo que lo echará de menos…

Mi madre es una de esas mujeres fuertes, trabajadoras e independientes. Siempre está haciendo mil cosas. Sacó una carrera universitaria adelante mientras atendía una casa, una niña pequeña, otra en camino y un trabajo a tiempo parcial, ha aprendido idiomas, ha mantenido dos trabajos a la vez durante largo tiempo, ha aprobado unas oposiciones y durante toda esa mareante travesía, todo el tiempo libre que le quedaba nos lo ha dedicado a nosotras. Siempre nos ha inculcado la importancia de ser fuertes, trabajadoras y sobre todo, de no depender de nadie.

Hoy, las cosas son diferentes. Hemos crecido, y de una forma u otra todas nosotras tenemos una vida fuera del nido familiar. Pero la esencia de esos valores sigue intacta, y nos acompaña en las decisiones que tomamos, en los caminos que elegimos.

Ahora que yo misma soy madre, entiendo de verdad lo grande que es la responsabilidad de criar un hijo. De darle amor, de ser generosas con nuestro tiempo, de inculcar valores. Es un trabajo duro pero tiene las recompensas más grandes. Ayer mismo, recibí un regalo de esos que se guardan en la mesilla de noche, un marquito de fotos azul cuidadosamente hecho por mi hijo en la guardería. Los regalos más bonitos, los que más llegan, no se compran con dinero.

Así que os propongo que os metáis en la cocina, y hagáis algo rico para regalar a vuestras madres. No tiene que ser complicado, ni tiene que llevaros mucho tiempo. Estos pastelitos de mermelada y cardamomo que os traigo hoy se hacen en un pis pás y quedan la mar de vistosos. Y además están súper ricos.

En este caso, el envoltorio es un guiño a nuestra madre, que es enfermera. Son unos trozos de gasa, sujetos con un lazo de cuerda. Una idea que vimos en el blog de Whole Kitchen y que queda preciosa. Unos pocos ingredientes, vuestro tiempo y un empaquetado bonito, una mezcla perfecta para mimar por un día a las personas que nos han mimado toda la vida.

Y ahora, os dejo con la receta:

PASTELITOS DE MERMELADA DE LIMÓN, CARDAMOMO Y CHOCOLATE

Ingredientes para 12 unidades:

225 gr de harina común

110 gr de mantequilla derretida

185 ml de nata ácida

3 huevos L

½ cucharadita de bicarbonato sódico

Ralladura de 1 limón

185 gr de azúcar

60 gr de mermelada de limón

10 vainas de cardamomo

Pizca de sal

Para la decoración:

200 gr de cobertura de chocolate negro (yo usé Valor)

Unos trozos de jengibre confitado

Preparación:

Todos los ingredientes, salvo la mantequilla, han de estar a temperatura ambiente.

Precalentar el horno a 170 C. Engrasar y enharinar un molde para muffins de 12 cavidades.

Mezclar la harina, el bicarbonato y la sal y tamizar sobre un cuenco. Abrir las vainas de cardamomo, extraer las semillas y machacarlas en un mortero hasta que queden reducidas a un polvo fino. Mezclarlas con la nata ácida y reservar.

En un bol, batir con las varillas los huevos y el azúcar a velocidad media hasta que tengamos una pasta esponjosa, blanquecina, que haya duplicado su volumen. Bajar un poco la  velocidad y  echar la mantequilla poco a poco, en un hilo, sin dejar de batir, hasta que esté completamente integrada. Incorporar la mermelada y la ralladura de limón.

Siguiendo a velocidad baja, echar 1/3 de la mezcla de harina, batir hasta que esté incorporada. Echar la mitad de la nata ácida con cardamomo y batir, hasta que esté integrado. Seguimos con otro 1/3 de la mezcla de harina, después la mitad restante de la nata ácida y por último el 1/3 restante de mezcla de harina, batiendo bien cada adición antes de incorporar la siguiente.

Rellenar las cavidades del molde con esta mezcla, más o menos 2/3 de su capacidad, y llevar al horno durante 20-25 minutos, hasta que los pastelitos se vean dorados y al pinchar uno con un palillo éste salga limpio.

Sacar del horno y dejar enfriar en el molde unos 15 minutos, después quitarlos con cuidado, despegando los bordes con la ayuda de un cuchillo si os es necesario, y pasar a una rejilla para que enfríen completamente, boca abajo.

Cuando los pastelitos hayan enfriado, derretir la cobertura de chocolate y echar por encima, dejando que resbale por los laterales. Decorar con el jengibre confitado alternando trocitos picados con trozos enteros. O ponerle la decoración que más os apetezca, como pistachos picados, limón confitado, perlitas de colores…

Envolved vuestros pastelitos con mucho cariño y llevadles a vuestras mamás una merienda de reinas.

¡Feliz Día de la Madre!

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