¡Hola a todos! Ya estamos de vuelta, después de un mes entero de desconexión total, con las pilas cargadas y un montón de ganas de volver a compartir recetas con vosotros. Y también hay por ahí algún que otro proyecto que nos hace mucha ilusión. Además estamos preparando una sorpresilla para la semana que viene, pero por ahora hasta ahí puedo leer…
¿Qué tal habéis pasado el verano? Por aquí ha habido mil planes diferentes, hemos hecho alguna escapada por la costa cantábrica, la fotógrafa ha estado en Madeira y ha venido enamorada de la isla y más zen que nunca, y en general hemos aprovechado para descansar y pasar el tiempo haciendo nada, lo que para mí es un lujo.
Para la vuelta de vacaciones hemos escogido esta tarta de requesón y miel sencilla y con un sabor delicioso y una textura muy cremosa, y la hemos vestido con unos pétalos de rosa escarchados, una decoración preciosa, que funciona en cualquier ocasión y se hace rapidísimo.
La receta de esta tarta os puede parecer larga pero no es así, porque en realidad lo que tiene son varios tiempo de reposo. El tiempo de trabajo real es poquito, unos 45 minutos contando con la decoración y os aseguro que el resultado es estupendo, como parte de una merienda o para cerrar una de esas comidas de domingo.
Así que no me lío más y os dejo ya con la receta, ¡espero que os guste!
TARTA DE REQUESÓN Y MIEL CON FLORES ESCARCHADAS
Ingredientes para un molde de tarta de 23 cm de diámetro y fondo desmontable:
Para la masa quebrada (patê sucrée):
250 gr de harina común
100 gr de mantequilla en cubitos (sacar de la nevera 1 hora antes de usar)
100 gr de azúcar glas
2 huevos M a temperatura ambiente
Para el relleno:
250 gr de requesón
100 gr de queso crema, tipo Philadelphia
120 ml de nata 35,1% M.G.
2 yemas de huevo + 1 huevo entero L
25 gr de azúcar glas
4 cucharadas de miel + 2 cucharadas extra para servir
Para los pétalos de flores escarchados para decorar:
Pétalos de flores, pueden ser rosas o violetas
1 clara de huevo, mejor pasteurizada
Azúcar
Preparación:
Primero haremos los pétalos de flores escarchados, para que tengan tiempo de secar antes de decorar la tarta. Para ello hay que empezar lavando los pétalos uno a uno y con cuidado, secándolos bien con papel de cocina y poniéndolos en la superficie de trabajo encima de papel de hornear. Después, batir ligeramente la clara de huevo hasta que se vea espumosa. Poner unos 100 gramos de azúcar en un plato y dejarlo al lado de la clara de huevo. Cogemos un pétalo, mojamos el dedo en la clara de huevo y pintamos con la clara toda la superficie del pétalo, por delante y por detrás, y seguidamente lo rebozamos con cuidado y por todos lados en el azúcar. Pasamos el pétalo escarchado a una rejilla para pasteles y repetimos el proceso hasta que tengamos listos todos los pétalos. Dejar secar los pétalos unas 4 horas antes de usar, aunque lo ideal es hacer este paso la noche antes.
Para hacer la masa quebrada, tamizar la harina sobre la superficie de trabajo, hacer un hueco en el centro y echar en él la mantequilla, el azúcar glas y la sal. Trabajar los ingredientes con las yemas de los dedos para mezclarlos, del centro hacia afuera, hasta que tengamos una pasta arenosa. Hacer un hueco en el centro de la masa y echar en él los huevos. Mezclar los huevos en la masa, de nuevo con las yemas de los dedos y rápidamente, hasta que tengamos una pasta homogénea pero sin trabajarla en exceso. Hacer una bola con la pasta, envolver en plástico de cocina y dejar reposar en la nevera entre 1 y 2 horas.
Mientras la masa reposa, preparar el molde engrasándolo bien con mantequilla. Sacar la masa de la nevera, estirarla con el rodillo entre dos papeles de hornear (se pega bastante) hasta un grosor de unos 4 mm. Quitar uno de los papeles de hornear, volcar la masa sobre el molde y retirar el otro papel de hornear. Con las yemas de los dedos, presionar ligeramente la masa contra el fondo y los bordes del molde, procurando que quede lo más lisa y uniforme posible. Quitar la masa sobrante pasando el rodillo por encima del borde del molde, haciendo una ligera presión. De esta forma, quitamos el exceso de masa y nos queda un borde regular. Tapar el molde forrado de masa con plástico de cocina y dejar reposar en la nevera 20 minutos.
Precalentar el horno a 180 ºC. Sacar el molde de la nevera, quitar el plástico de cocina y hornear “a ciegas” la masa durante 15 minutos. Para hornear “a ciegas” hay que cubrir la masa con un círculo de papel vegetal un poco más grande que el molde y poner encima del papel una capa de legumbres secas o unos pesos específicos para este uso. De esta forma la masa se cuece parcialmente manteniendo la forma. Una vez horneada, retirar las legumbres o pesos y el papel vegetal y reservar mientras hacemos el relleno, así que no apaguéis el horno. Y no tiréis las legumbres, porque una vez frías las guardáis en un bote y os valen para el mismo uso cuando las necesitéis.
Para hacer el relleno, mezclar en un bol grande el requesón, el queso crema y la nata líquida con las varillas eléctricas. Añadir las yemas de huevo, el huevo entero, el azúcar glas y las 4 cucharadas de miel, mezclando un ratito hasta que tengamos un relleno de aspecto cremoso y homogéneo. También podéis triturar todos los ingredientes juntos en un robot de cocina.
Pasar el relleno al molde con la masa y meter en el horno a la misma temperatura durante 30 minutos aproximadamente, hasta que se vea cuajada. Sacar del horno y dejar enfriar en el molde 10 minutos.
Desmoldar en una rejilla y dejar enfriar. Antes de servir, decorar con las 2 cucharadas de miel y los pétalos de flores escarchados.
Y lo que os sobre dura 24 horas en la nevera en un recipiente hermético.
¿Hace una merienda?





















